Camiones, armas y dioses
El día que conocí al Bochi, la ruta estaba estallada y apelé a la táctica del cara a cara. Odio las filas, odio la sumatoria del sol sin tregua, odio los carteles. Eran las 12 del mediodía y una hora antes había llegado un tren, así que era todo un quilombo. Yo justo estaba descansando de hacer dedo, me había puesto a bailar tango con un chabón, más que un tango una cumbia, bah, no sé, era un intento inicial que iba variando. Se ve que el Bochi me vio tirando puntas antes y se acercó a preguntar a dónde iba. Fa, loco, qué felicidad. Me dijo que le dieron ganas de viajar conmigo cuando me vio bailar. Subo al Scania, una bestia de la ruta, subirse es como trepar a un caballo. Arriba está todo impecable. Rico olor, tachito de basura, parlantes piolas, garrafa y equipo de mate entre medio de los asientos, la foto de un nene colgando del espejo retrovisor, un colchón atrás con mantas bien acomodadas. Suena El final es en donde partí de La Renga. La distingo al toque porque era una canción...